16/06/2019

¿La mejor economía de la historia?

Los verificadores de datos están muy ocupados durante la presidencia de Donald Trump, pero hay un punto indiscutible: Trump se postuló para presidente como populista, pero está gobernando para beneficiar a las élites estadounidenses.

Trump se jacta de que la economía es la "mejor de la historia", pero casi todos los beneficios del crecimiento económico han sido destinados a los estadounidenses más ricos y a las grandes corporaciones. Y, si bien Trump prometió que "todos recibiríamos un recorte fiscal, especialmente la clase media", durante el primer año de vigencia de la ley fiscal de Trump, los contribuyentes individuales pagaron $93 mil millones más de impuestos, después de los reembolsos. Las grandes empresas pagaron alrededor de $91 mil millones menos.

Selfie en Houston con RandiWeingarten en un foro comunitario de miembros de la AFT en Houston el 28 de mayo. Foto tomada por Jennifer Chang.

La economía de Trump lastima a las mismas personas que prometió defender, los estadounidenses de clase media y trabajadora. Joseph Stiglitz, economista ganador del Premio Nobel, señala que el 90 por ciento de los estadounidenses han visto sus ingresos estancados o en baja en los últimos 30 años. Actualmente, los 400 estadounidenses más ricos, un 0.00025 por ciento de la población, poseen más riquezas que los 150 millones de adultos que forman parte del 60 por ciento con menos recursos. Trump prometió abordar esta nueva "Edad Dorada" pero, como presidente, ha llevado a cabo una agenda que ayuda a los oligarcas como él y a la secretaria de Educación Betsy DeVos, y nos deja atrás al resto de nosotros. 

Mientras que los ricos nunca han sido más ricos, el 40 por ciento de los estadounidenses sostiene que no serían capaces de reunir $400 para cubrir una emergencia. Trump ha incumplido su promesa de aumentar el salario mínimo federal y su administración ha limitado la elegibilidad de los trabajadores para el pago de horas extras. A pesar de prometer "seguro para todos", la primera prioridad de Trump como presidente fue aprobar la ley para despojar de cobertura médica a 20 millones de estadounidenses y poner fin a la protección de decenas de millones más con afecciones preexistentes, dejándolos al borde de la bancarrota por enfermedad, o algo peor.

En esta temporada de graduaciones universitarias, los recién graduados se enfrentan al primero de muchos pagos de sus préstamos estudiantiles. La deuda de préstamos estudiantiles ha alcanzado $1.5 billones de dólares. La administración Trump ha saboteado completamente las opciones de condonación de deuda para profesores, enfermeros y otros trabajadores de servicios públicos. He oído a demasiada gente preocupada porque tendrán que pagar su "sentencia de deuda" estudiantil hasta la muerte.

Entre los préstamos estudiantiles, los mayores costos de atención médica y vivienda y los salarios estancados, la generación del milenio está mucho peor económicamente que las generaciones anteriores, con un patrimonio neto promedio inferior a $8,000. Y la jubilación no parece mucho más prometedora. Alrededor del 42 por ciento de los estadounidenses se jubilarán en bancarrota, lo que significa que tienen menos de $10,000 en ahorros, una fracción de lo que necesitarían para sobrevivir un año de jubilación. Eso en cuanto a lo que concierne a "la mejor economía de la historia".

Estas estadísticas dejan en claro por qué hay tanta ira y ansiedad actualmente en los Estados Unidos, y por qué se están revisando las uniones sindicales. Por ejemplo, mi unión sindical es el nexo de dos de los vehículos más seguros para aumentar las oportunidades de los estadounidenses comunes: el movimiento obrero y la educación pública, y la administración Trump ha tratado de debilitarlos a ambos. Trump ha llenado los tribunales federales con jueces que están a favor de las empresas y en contra de los trabajadores. Su administración ha trabajado para socavar el poder de las uniones sindicales y restringir las oportunidades de los trabajadores de afiliarse a sindicatos. Trump y DeVos han presionado para recortar más de $ 9 mil millones de fondos para la educación, y DeVos trabaja horas extras para conseguir que sus amigos en los gobiernos estatales desestabilicen y quiten financiación a la educación pública.

Las escuelas públicas desempeñan un papel fundamental en el desarrollo de habilidades y conocimientos, reduciendo la polarización y fortaleciendo la economía. Pero hay algo parecido al dilema del "huevo y la gallina": ¿ayudan las grandes escuelas públicas a crear una clase media próspera o viceversa?

Si bien la educación formal es muy importante, sola no puede superar la gran desigualdad que existe en el país. Me alegra ver que otros comienzan a comprender, como el empresario Nick Hanauer, quien explica en la edición de julio de The Atlantic por qué ya no cree que la educación sea la cura para todo lo que aqueja a los Estados Unidos. Hanauer se da cuenta de que nuestro sistema educativo no puede compensar a los estadounidenses por la fallas del sistema económico. La investigación demuestra que el principal factor individual que influye en el logro estudiantil es el ingreso familiar, que apenas se ha modificado desde el año 2000. "Paguen a la gente lo suficiente como para que puedan solventar una vida digna de clase media", escribe, "y las escuelas públicas de alta calidad irán detrás. Pero permitan que la desigualdad económica aumente, y la desigualdad educativa inevitablemente aumentará con ella".

Nuestros sistemas políticos y económicos están tan sesgados hacia los ricos que la oportunidad solo llegará a través del poder de la acción colectiva que brindan las uniones sindicales y el voto, el tercer vehículo para aumentar las oportunidades. A medida que crece la desigualdad y disminuye la clase media, debemos organizarnos, y no agonizar. Desde protestas docentes hasta huelgas de trabajadores del sector de comida rápida y campañas sindicales en las salas de redacción, los trabajadores se reúnen para lograr lo que no pueden hacer solos. Los estadounidenses viven con recordatorios diarios que prueban que las elecciones tienen consecuencias. Debemos usar el poder de nuestro voto para elegir líderes que gobernarán en favor de los intereses de todos los estadounidenses, no solo de la minoría de ricos. 

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